sábado, 30 de agosto de 2014

El joven camina

 El joven camina al sol del mediodía con las manos en los bolsillos. Mira alternativamente arriba y abajo, al frente y atrás. En un momento dado su vista se cruza con la de una mujer que lo observa a través de una ventana. La situación sería normal de no ser porque la mujer que lo mira lo hace a través de una suerte de reja disforme en la que los huecos están distribuidos de la forma más peregrina (o: lo observa a través de una cartulina negra recortada aquí y allá por la frágil tijera de un loco). También: la intensidad de la mirada de la mujer es abrasadora, como si le fuese la vida o algo más importante en ver al joven caminar. Debido a la reja o cartulina –piensa el joven– la mujer no es capaz de verme entero sino sólo algunas partes de mí (el ojo izquierdo, la rodilla derecha, parte del torso).

En el fondo, el joven sabe que es el momento de ignorar a la mujer y seguir caminando, pero en vez de eso lo que hace es ensayar algunas posturas para permitir que la mujer de la ventana vea todo su cuerpo de una sola vez. Desde la otra vereda el joven parecería un mimo esquizofrénico, pero para la mujer de la ventana la escena resulta absolutamente normal, ya que jamás ve al joven entero y por lo tanto no puede terminar de saber cabalmente si este está sólo caminando o si está intentando las cabriolas imposibles de un payaso infernal.

Munir

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