lunes, 8 de abril de 2013

Cuando duermo en tu pecho


Cuando duermo en tu pecho, no duermo, 
me desvela tu pelo, tu calor, tu sonido. 
Me distrae como suena tu corazón, 
le vigilo para que no se pare 
y cada segundo me sorprende con una nueva explosión, 
un sonido ensordecedor que llena la anchura de tu pecho. 
Tu pecho, esa llanura sinuosa donde solo el vello se atreve a hacerte compañía 
porque es un sitio agitado, poderoso, enorme,  
que emana un calor como por debajo corriera la misma lava que alimenta la tierra. 
Y ese calor me envuelve y me empapa,  
atrapa mi piel y alerta mi tacto, 
para que lo absorba, para que me quede. 

Cuando duermo en tu pecho, no duermo, 
me desvela tu pelo, tu calor, tu sonido. 
Me distrae como suena tu respiración,  
la vigilo para que no deje de sonar 
y a cada instante me sorprende con una nueva sacudida. 
Una respiración honda, profunda que parece venir de una caverna. 
Una cueva primitiva llena de pinturas rojas y ritos ancestrales 
que dan templanza y fuelle al ritmo que alimenta tu cuerpo. 

Cuando duermo en tu pecho, no duermo, 
me desvela tu pelo, tu calor, tu sonido. 
Me distrae la temperatura de tu piel,  
la vigilo para que no te quedes frío, para que nunca sientas frío.  
Y a cada momento me sorprende una nueva ráfaga de aire templado, cálido, 
que proviene de la montaña de tu cuerpo. 
Un viento limpio, tranquilo que abraza el mío y provoca rocío.  
Un rocío cristalino que se deposita en mi piel cuando amanece. 

Y es entonces cuando me doy cuenta de que amanece. 
Y es entonces cuando miro a la ventana y veo que el sol empieza a romper el cristal. 
Y es entonces cuando tapo mis sentidos para que aparezca el sueño. 
Y es entonces cuando me doy cuenta de que no puedo escapar  
ni a tu pelo, ni a tu calor, ni a tu sonido. 
Y es entonces cuando pienso: cuando duermo en tu pecho, no duermo 

Luther Blissett

2 comentarios:

  1. Me encantó!
    P.D. La poesía es el único arma capaz de devolvernos a la vida desde este mundo tan frecuentemente vacío.

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